3.- HAZ DE TU ALIMENTO TU REMEDIO. (Nutrición)

Los alimentos no sólo están constituidos por los denominados macronutrientes: agua, hidratos de carbono, proteínas y grasa. A ellos hay que sumar vitaminas y minerales que, sin aportar calorías y, por tanto, energía al organismo, son esenciales para la vida. Pero también existen infinidad de sustancias, que los expertos denominan fitoquímicos o fitonutrientes, que parecen realizar en el ser humano la misma función que llevan a cabo en la propia planta, que en muchos casos es la de protegerla y ayudarla a vivir.

A la luz de las últimas investigaciones, los componentes fitoquímicos están adquiriendo relevancia entre los alimentos funcionales, es decir, aquellos que cumplen una función vital, casi terapéutica, en el organismo. Interesan no sólo a los especialistas en nutrición, sino también a las grandes compañías alimentarias que cifran su crecimiento en nuevos productos que contribuyan a la salud humana. Por poner un solo ejemplo de estas sustancias, podría apuntarse el resveratrol, presente sobre todo en la uva negra y sus derivados, al que se ha relacionado con una menor incidencia de patologías cardiovasculares y cáncer. Pero también podría hablarse de la capsicina, que hace que la guindilla (ají, chile) pique, y parece actuar como un antibiótico frente a la bacteria causante de las úlceras de estómago: Helicobacter pylori. O del Licopeno del tomate rojo, un antioxidante relacionado con una menor incidencia de cáncer de próstata. Y un largo etcétera de sustancias (isoflavonas, compuestos azufrados, etc.) y propiedades podrían seguirlos.

Así pues, los alimentos poseen principios terapéuticos que pueden favorecer el antienvejecimiento, aumentar la vitalidad y prevenir y mejorar muchas enfermedades. Se sabe que algunos malos hábitos dietéticos son los principales responsables de las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, pero también la belleza y la calidad de nuestros huesos y dientes pueden depender del tipo de alimentación seguida desde la niñez. Para aprovisionarse de la forma más acertada de las sustancias “sanadoras” que contienen los alimentos, la mejor vía es la alimentación variada y equilibrada, en la que no falten frutas y verduras, las principales fuentes de fitoquímicos. De este modo, los principios terapéuticos que esconden los alimentos ayudarán de la forma más eficaz a preservar la salud y mejorar algunas enfermedades.

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