LA ORACIÓN DE LA MADRE

SÚPLICA DE UNA MADRE.
Hijo, no te estanques jamás, quiero que triunfes,
supérate a ti mismo día tras día,
instrúyete, trabaja,
nunca digas mañana, es el momento,
nunca digas después, puede ser tarde,
cada día aprende algo nuevo.
Deja huellas al morir, nunca te apagues,
quiero que siempre brilles, que destaques,
que cumplas tu misión en la vida,
que no vivas en vano, te lo ruego,
es muy triste el que acaba siendo nadie.
Lucha hasta el final, no te conformes
con ya tengo bastante, es suficiente.
Dios te dio inteligencia, úsala.
Dios te dio corazón, pues ama.
Cada esfuerzo es un triunfo
y un triunfo satisface.
Sé hombre de verdad, no simple hombre,
aprende a hacer el bien, que te respeten,
que seas a los demás siempre agradable,
que te quiera la gente, no te crezcas,
el orgullo envilece y hasta ciega.
Señálate una meta: el cielo,
que el camino a seguir Dios te lo dice,
y así podrás reír y contagiar a otros
y así podrás amar y ser amado,
y cualquier carga sentirás ligera
si te enseñas a dar sin recibir siempre.
Así te quiero ver,
hecho, crecido, en plena madurez,
hombre de veras.
Para verte entonces con orgullo
y exclamar; es mi hijo…
satisfecha.

Elsa Parrado de Hoyos

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