NORMAS PARA LA VIDA.

Debes trabajar cada día como si tu vida estuviera en juego.
No fuiste cread@ para una vida de ociosidad. No puedes comer desde la salida del sol hasta el ocaso, ni beber ni jugar ni hacer el amor. El trabajo no es tu enemigo, sino tu amigo. Si te quedaran prohibidas todas las maneras de esfuerzo, caerías de rodillas y pedirías la muerte.
No necesitas amar las tareas que desempeñas. Hasta los reyes sueñan en otras ocupaciones. Sin embargo, debes trabajar y es cómo lo hagas, no lo que hagas, lo que determinará el curso de tu vida. Ninguna persona descuidada con el martillo construirá jamás un palacio.
Puedes trabajar en forma monótona o puedes hacerlo llen@ de agradecimiento: puedes trabajar como un ser humano o hacerlo como un animal. Aún así, no existe un trabajo tan rudo que no puedas exaltarlo, ninguno tan degradante que no puedas infundirle alma, ninguno tan sombrío que no puedas avivarlo.
Lleva a cabo siempre todo lo que se te pida, y más. Tu recompensa llegará.
Sabes que sólo existe un método seguro de obtener el éxito y éste es por medio del trabajo arduo. Si no estás dispuest@ a pagar este precio para distinguirte, disponte a llevar una vida de mediocridad y pobreza.
Compadece a las que te ofenden y te preguntan por qué haces tanto a cambio de tan poco. L@s que dan menos, reciben menos.
Nunca caigas en la tentación de disminuir tus esfuerzos, aunque estés trabajando para otro. Tu éxito no es menor si alguien te está pagando por trabajar para ti mism@. Haz siempre tu mejor esfuerzo. Lo que plantes ahora lo cosecharás más tarde.
Siéntete agradecido por tus tareas y por lo que éstas te exigen, si no fuera por tu trabajo, sin que importe cuán desagradable te parezca, no podrías comer tanto, ni gozar tan agradablemente, ni dormir tan profundo, ni estar tan saludable, ni gozar de las tranquilas sonrisas de gratitud de los que te aman por lo que eres, no por lo que haces.
Debes aprender que, con paciencia, puedes controlar tu destino.
Debes saber que, mientras más tenaz sea tu paciencia, más segura será la recompensa. No existe ningún gran logro que no sea el resultado de un trabajo y de una espera paciente.
La vida no es una carrera. Ningún camino será demasiado largo para ti si avanzas deliberadamente y sin prisa. Evita, como la peste, todo carruaje que haga un alto para ofrecerte un rápido viaje a la riqueza, la fama y el poder. La vida tiene condiciones tan duras, hasta en los mejores momentos, que las tentaciones, cuando hacen su aparición, pueden destruirte. Camina. Puedes hacerlo.
La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce. Con paciencia puedes soportar cualquier adversidad y sobrevivir a cualquier derrota. Con paciencia puedes controlar tu destino y tener lo que desees.
La paciencia es la clave de la satisfacción para ti y para los que deben vivir contigo.
Comprende que no puedes apresurar el éxito del mismo modo que los lirios del campo no pueden florecer antes de la estación. ¿Qué pirámide se construyó alguna vez si no fue piedra sobre piedra? ¡Cuán pobres son los que no tienen paciencia! ¿Qué herida sanó alguna vez a no ser poco a poco?
Todos los inapreciables atributos que las personas prudentes proclaman como necesarios para alcanzar el éxito, son inútiles si no tienes paciencia. El ser valiente sin paciencia puede matarte. El ser ambicios@ sin paciencia puede destruir la carrera más prometedora. El esforzarte por alcanzar la riqueza sin paciencia no hará sino separarte de tu magra bolsa. El perseverar sin paciencia es siempre algo imposible. ¿Quién puede dominarse, quién puede perseverar sin la espera, que es uno de sus atributos?
La paciencia es poder. Empléala para robustecer tu espíritu, para dulcificar tu carácter, para calmar tu enojo, para sepultar tu envidia, abatir tu orgullo, refrenar tu lengua, contener tu mano y entregar todo tu ser, a su debido tiempo, a la vida que mereces.
Debes comprender que los planes sólo son sueños cuando no hay acción.
Aquél (la) cuya ambición se arrastra en lugar de elevarse, que está siempre indecis@, que retarda las cosas en vez de actuar, lucha en vano contra el fracaso.
¿No es imprudente el (la) que, viendo que la marea avanza hacia él (ella), se queda dormid@ hasta que el mar lo (la) arrolla? ¿No es tont@ el (la) que, dándose la oportunidad de mejorar, se queda deliberando hasta que, en vez de él (ella), escogen a su vecin@?
Sólo la acción le da a la vida su fuerza, su alegría, su propósito. El mundo siempre determinará tu valía por lo que realizas. ¿Quién puede medir tus talentos por los pensamientos que tengas o las emociones que experimentes? ¿Y cómo demostrarás tus habilidades si siempre eres espectador (a) y nunca jugador (a)?
Anímate. Comprende que la actividad y la tristeza son eternos polos opuestos. Cuando tus músculos se esfuerzan y tus dedos se aferran y tus pies se mueven y tu mente se ocupa en las tareas que tienes entre manos, tienes poco tiempo para la autoconmiseración y los remordimientos. La acción es el bálsamo que cura cualquier herida.
Recuerda que la paciencia es el arte de esperar, con fe, la recompensa que mereces por tus buenas obras, pero que la acción es el poder que las hace posibles. Hasta el tiempo de tu espera por aquello que has luchado parece menor cuando estás ocupad@.
Nadie actuará por ti. Tus planes seguirán siendo los sueños de un (a) indolente, hasta que te levantes y luches contra las fuerzas que te mantienen pequeñ@. El emprender acciones es siempre peligroso, pero el sentarse a esperar a que las cosas buenas de la vida te caigan en el regazo, es la única vocación donde el fracaso es seguro.
Todo lo que está entre tu cuna y tu tumba está siempre marcado por la incertidumbre. Ríete de tus dudas y sigue adelante. Y si es descanso lo que buscas en lugar de trabajo, anímate. Cuanto más haces, más puedes hacer y mientras más diligente seas, mayor descanso tendrás.
Actúa u otros actuarán antes que tú.
Debes sonreírle la adversidad, hasta que ésta se te rinda.
Serás más sabi@ que los (as) demás en cuanto comprendas que la adversidad no es una condición permanente de la persona. Y, sin embargo, esta sabiduría no es suficiente por sí sola. La adversidad y el fracaso pueden destruirte, mientras esperas pacientemente a que la fortuna cambie, trátalas de una sola manera.
¡Recibe bien a ambas, con los brazos abiertos! Puesto que este mandamiento va en contra de toda lógica o razón, es el más difícil de comprender o dominar.
Deja que las lágrimas que derramas sobre tus desgracias te limpien los ojos para que puedas ver la verdad. Comprende que la lucha contigo siempre fortalece tus nervios y agudiza tus habilidades. Tu antagonista, al final, siempre será tu mejor auxiliar.
La adversidad es la lluvia de la vida, fría, molesta y hostil. Sin embargo, de esa estación nacen el lirio, la rosa, el dátil y la granada. ¿Quién puede decir qué grandes cosas te ocurrirán una vez que hayas sido abrazad@ por el fuego de la tribulación y empapad@ por las lluvias de la aflicción? Hasta el desierto florece después de una tormenta.
La adversidad es también tu maestra más grande. Poco es lo que aprenderás de tus victorias, pero cuando seas empujad@, atormentad@ y derrotad@, adquirirás un gran conocimiento, porque sólo entonces te familiarizarás con tu ser verdadero, ya que, al fin estarás libre de los que te adulan. ¿Y quiénes son tus amigos? Cuando la adversidad te abrume, es el mejor momento para que los cuentes.
Recuérdate a ti mism@, en tus horas más negras, que todo fracaso es sólo un paso más hacia el éxito, que todo descubrimiento de lo que es falso te dirige hacia lo que es verdadero, que toda prueba agota cierta forma tentadora de error y que toda adversidad sólo cubre, durante algún tiempo, tu sendero hacia la paz y la reconciliación.
Espero que hayas disfrutado de tan especial lectura y reflexiones sobre las cosas buenas y malas que pasan en tu vida, pero que son eso, experiencias, que sin lugar a dudas te ayudarán a crecer y hacerte persona feliz y exitosa.
Hasta pronto amor mío, no te pierdas el siguiente capítulo de esta hermosa Historia de tu vida.

OG MANDINO

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